martes, 3 de mayo de 2011

Manolo Martínez, el adiós de un gigante


El martes 3 de mayo de 2011 no supone el paso de un día cualquiera, no para el mundo del atletismo. Esta fecha traza una gruesa línea que delimita un antes y un después en el círculo de lanzamientos. El mejor lanzador de peso de la historia de España cuelga las zapatillas lisas y aparta el artefacto para siempre. Se retira el atleta que más veces ha vestido de rojo y gualda en competición oficial -84 nada menos-, el competidor educado con sus rivales y atento con la prensa, el Capitán con mayúsculas, el portavoz de sus compañeros o el lanzador que puso sobre el mapa una disciplina “menor” hasta su llegada.

Se marcha con 36 años, 23 dedicados a nuestro deporte, y dejando un palmarés para enmarcar. Récordman español en sala (21,26) y al aire libre (21,47); de sus paredes cuelgan 16 medallas de oro en campeonatos de España bajo techo, 15 preseas doradas en nacionales al descubierto, presente en cuatro Juegos Olímpicos (Atlanta ’96, Sidney ’00, Atenas 04’ y Pekín ’08), campeón de Europa en pista cubierta en Viena ’02 y campeón del Mundo en Birmingham ’03 (foto). Precisamente en la ciudad británica logró un hito para nuestro deporte, el leonés –aún hoy- es el único atleta que ha hecho sonar nuestro himno en lo más alto de un podio en un mundial a cubierto (sin contar la victoria de Colomán Trabado en Paris ’85 ya que esa edición no fue Campeonato del Mundo sino Juegos Mundiales). Ni el largo aliento patrio, tantas veces metalizado, ha sido capaz de pisar tan alto.

Otro de los mejores momentos de su vida deportiva llegó con la vuelta del atletismo a sus raíces. Cuando la llama de nuestro deporte volvió a calentar la antigua hélade, Manolo Martínez consiguió rubricar su mejor resultado en una final de peso olímpica. Tan solo Bilonog, Nelson y Olsen lanzaron el artefacto más lejos que nuestro capitán, una cuarta plaza de muchos kilates sobre la arena de Olímpia.

Decía Extremoduro en su –ahora ya- penúltimo trabajo de estudio, La ley innata, que “se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas”. Esa parece ser la misma cadena que ataba a Manolo más tiempo a nuestro deporte. Los eslabones estaban ya muy deteriorados, sobre todo tras la rotura total del tendón de aquiles derecho que sufrió a finales de 2009 mientras disputaba un encuentro benéfico de fútbol sala. Los años no pasan en balde y los sobreesfuerzos desgastan. Aún así, tuvo tiempo de reponerse en tiempo récord y tomar parte en los Europeos de Barcelona 2010 y despedirse en el pasado Campeonato de Europa en Pista Cubierta disputado en París en marzo. Manolo, Supermán Martínez para muchos, ha sido miembro de la mejor añada del atletismo nacional, ha sido pieza clave de la mejor época de nuestro atletismo, una generación que está empezando a despedirse con cuentagotas y que espera relevo urgente. A la sombra de este pesero incansable han salido nuevos nombres como los de Borja Vivas (primer candidato a sucederle), Mario Pestano o Javi Cienfuegos, ellos son el presente y futuro de nuestros lanzamientos. Lejos queda aquél chaval que miraba los entrenamientos de Carlos Burón en el Colegio de los Huérfanos Ferroviarios de León. Burón se acercó, le invitó a probar, aceptó y éste acabó entrenándolo hasta su retirada.

Ni una palabra fuera de tono, diplomático como nadie, atento con la prensa, atleta comprometido, escritor, escultor, actor, pintor, icono y miembro de la generación dorada de nuestro deporte, leonés de corazón… se retira el más grande de los gigantes. Gracias Manolo por haber dado tanto a este deporte.

1 comentarios:

Unknown dijo...

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